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LA MANO PEDAGÓGICA DEL TIEMPO

  • Foto del escritor: Proyecto Editorial 89079
    Proyecto Editorial 89079
  • hace 14 horas
  • 1 min de lectura


Cuarenta y nueve años después, regreso a un salón de clases del Instituto de La Salle.


Desde luego, ni el tablero ni los pupitres son los mismos: ahora allí funciona una sede de la Universidad de La Salle. Se conservan las ventanas, que dialogan con el viento del barrio de La Candelaria, en Bogotá, y con el fantasma de José Asunción Silva, cuyos versos alguna vez le escuché leer en voz alta al profesor Camilo Orbes Moreno.


Por ese espacio ha pasado la mano pedagógica del tiempo. ¿Adónde fueron los libros de aquel entonces? ¿Dónde están los cuadernos de apuntes, especialmente los que no registraron nuestras satisfacciones y angustias? ¿En qué lugar terminaron las clases amadas y otras no tanto? ¿Adónde fue todo aquello creado en el asombro, la curiosidad y las preguntas? Todo aquello se transformó en un saber pronunciable, con la música de los años setenta y sus matices de olvido.


Hoy comprendo que algunas de las ideas que todavía nos iluminan fueron semilla en las aulas, y que ciertos valores —los que nos susurraban al oído— comenzaron a tomar forma en aquellos años, entre horas de silencio, conversaciones y descubrimientos.


Quizás por eso, volver al colegio después de tanto tiempo es mucho más que recordar etapas y anécdotas de la historia personal y colectiva. En el viaje al pasado encontramos el origen de quienes somos hoy, y ese ejercicio nos permite revitalizar nuestra comprensión y valorar el «conócete a ti mismo» del oráculo de Delfos y del pensamiento socrático que de vez en cuando citaba Hugo Toro Londoño.


Raúl Guzmán González

 
 
 

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