LLAMADO A LOS PROTECTORES DEL LOGOS TROVADOR
- Proyecto Editorial 89079
- 24 jun
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Raúl Guzmán González
“La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.”
María Zambrano
Nos encontramos en el mes consagrado a Juno, la antigua diosa romana, cuya vigencia en el mundo contemporáneo es la de ser un símbolo protector y un arquetipo de valores que representa unión, fidelidad y compromiso.
En consideración a esta coincidencia, invito a que el modelo psicológico de la diosa nos inspire a escudriñar en la poesía y la filosofía, para no desfallecer en divulgar las ciencias humanas y el arte como fuentes a las que siempre hay que acudir con el fin de crecer espiritualmente, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Asimismo, el día 21 de junio, aconteció la llegada del solsticio de verano, ese instante en que la Tierra parece inclinarse para abrazar al Sol y la naturaleza entera celebra las transformaciones de la vida.
Paradójicamente, mientras el mundo natural nos lleva a restaurar nuestros vínculos con la biosfera, los seres humanos parecemos atravesar una sigilosa pandemia del no pensamiento, que se manifiesta en dificultad para la reflexión, el diálogo genuino y la contemplación.
Por ello, este tiempo resulta propicio para convocar a todos los protectores del logos trovador, con el fin de que juntos volvamos a habitar en los campos de la memoria y la imaginación.
Entiendo el logos trovador como aquella razón que no se limita a explicar el mundo, sino que se convierte en ceremonia, canto, danza, poema y celebración de la existencia. Si el logos de la filosofía busca la verdad mediante la delicada construcción del discurso, el logos trovador se encamina hacia ella, a través del símbolo, la experiencia vivida, la sensibilidad y la intuición. Ambas vías no se excluyen, por el contrario, se complementan.
Ha llegado el momento de revisar los cimientos de nuestra existencia como ciudadanos del mundo y de preguntarnos qué clase de humanidad deseamos habitar y heredarle a las nuevas generaciones.
Con este propósito convoco a los artistas de la palabra, a los héroes anónimos, a quienes cultivan la tierra y custodian las semillas; a los maestros del pincel, del número, y de la geometría; a los astrólogos, teólogos y magos; a los investigadores de distintas disciplinas, a los cantores, médicos, juristas, ingenieros y artesanos; a los constructores de puentes, y a todos los portadores de instrumentos musicales y de sueños compartidos, a lograr acuerdos entre saberes, credos y divergencias políticas para que mantengan encendida la llama del logos Trovador.
Que la ciencia, el arte y la virtud acompañen nuestra antigua espada del conocimiento. Que nos reunamos nuevamente en torno a la lectura en voz alta, la conversación profunda y la escritura creadora. Que aprendamos a escuchar aquello que la prisa no nos deja oír y a pensar aquello que el ruido pretende ocultarnos.
La divinidad que en esencia somos, la belleza, el bien y la verdad se debilitan cuando dejamos de pensarlos, sentirlos y encarnarlos en nuestra vida cotidiana. Por ello, llamémoslos con la fuerza serena de las ideas, con la libertad del verso y con la nobleza de los actos.
Que cada palabra afectuosa pronunciada, cada gesto de cuidado, cada obra nacida de la inteligencia y la sensibilidad, sea una forma de confrontar a la oscuridad del no pensamiento y una contribución a dignificar nuestra existencia humana.




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