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“MI PRIMER DÍA COMO PROFE”, UNA DE LAS PARTICIPACIONES DE DIANA REYES RÍOS EN LA ANTOLOGÍA “ASÍ CONTAMOS, TOMO III, MONSTRUOS Y NARRACIONES”.


El año nuevo llega con nuevas y excelentes noticias, aproximadamente ochenta y tres autores (entre niños y adultos) participaron de la antología “Así contamos tomo III, Monstruos y narraciones”, compilado por Diana Yasmín Reyes Ríos, Miguel Esteban Carrero Torres y Sandra Johana Alabarracín Lara, libro del proyecto Filosofía y producción textual, del Colegio Técnico Jaime Pardo Leal y del Colectivo Pensamiento Pedagógico Contemporáneo.

 

La publicación del libro fue realizada por la Alcaldía Mayor de Bogotá en el marco del Convenio interadministrativo SED- IDEP 4875106 de 2023, y específicamente como incentivo en especie al colectivo de docentes que gestaron la obra, por su participación en la convocatoria Reta, Crea, Innova 2023, desarrollada por medio del convenio de Ciencia y Tecnología No. 76 de 2023 suscrito entre IDEP – UNIVERSIDAD EAFIT.

 

Diana Yasmín Reyes Ríos, Magister y Doctora en educación, es la líder del proyecto Filosofía y producción textual, docente del Colegio Técnico Jaime Pardo Leal e integrante del Colectivo Pensamiento Pedagógico Contemporáneo, su liderazgo y trabajo arduo han permitido esta interesante compilación de escritos, en la que estudiantes, docentes y padres de familia se expresan literariamente; les compartimos uno de sus escritos incluidos en el libro, y al final, les invitamos a que lean el texto completo, disponible online de forma gratuita.

 

Nuestra felicitación a todos los que participaron de tan valioso proyecto, que incentiva la lectura y la escritura en cualquier edad de la vida.

 

MI PRIMER DÍA COMO PROFE (texto ganador de la convocatoria de la revista digital Magisterio)

 

Ráquira, ese maravilloso pueblo de Boyacá, se convirtió en el escenario de mi primer día como profesora. Sus calles empedradas me abrazaron con su encanto y su historia, mientras las montañas vigilaban nuestros pasos con su imponente majestuosidad. Las casas de adobe, como sus propios habitantes, eran testigos silenciosos de la vida que palpaba en cada rincón.

 

Las manos del alfarero moldeaban la arcilla con destreza, como si fueran dioses creadores de mundos inertes, bonitos, quebradizos, pero frágiles como cristales. Este pueblo, arropado por las

montañas, siempre parecía envuelto en un eterno verano en el cielo y sus noches lucían vestidos resplandecientes, de fiesta.

 

La noche anterior a mi primer día de labor como profe, preparé mis clases, hice carteleras, aún no conocía el PowerPoint y menos el Canva.

 

Organicé juegos, con el objetivo de enamorar a mis estudiantes del conocimiento para demostrarles que aprender es divertido. Pero, sin que nadie lo llamara aparecía el monstruo de las inseguridades, de las dudas y la desconfianza en sí misma. Escuchaba sus susurros que me hacían, preguntaban ─ ¿y si no les gusta, y si se aburren? ─. Dormí sólo por ratos esperando el gran momento. Estaba entusiasmada, al mismo tiempo que inquieta.

 

La mañana se llenó de promesas y desafíos. Una mezcla de emociones me embargaba, como si en mi pecho se encontraran mariposas impacientes por volar.

 

Me puse mi mejor vestido, el rojo, con el que me sentía radiante y a medida que el sol ascendía en el cielo, yo avanzaba acompasada por los primeros rayos de luz, hasta llegar al colegio. Saludé a mis nuevos compañeros, quienes me miraron un poco extrañados, supongo por mi edad. Ya en el salón de grado noveno me sentía como en un país de gigantes, como Alicia en el charco de sus propias lágrimas, todos los estudiantes eran más grandes que yo, a pesar de mis tacones de ocho y medio que llevaba puestos.

 

Los rayos de luz se filtraban por las ventanas, dotando al aula de una atmósfera mágica. Me enfrenté a esos rostros curiosos y expectantes, como los alfareros del pueblo ante la arcilla virgen, con el deseo de moldearlos en seres capaces de crear sus propios mundos. Pero en ese instante crucial, el miedo y la inseguridad se adueñaron de mí. Como la frágil estatua de barro, dudé de mis habilidades y temí no estar a la altura de sus expectativas. Yo tenía la misma edad que mis estudiantes.

 

Sin embargo, decidí ignorar al monstruo de las inseguridades y miré dentro de mí, encontrando la fuerza y la pasión necesarias para superar cualquier obstáculo. Con el corazón latiendo a toda prisa, inicié la clase. Los estudiantes se levantaron entusiasmados, ávidos de conocimiento. Uno a uno, iban al frente para presentarse, cada paso era una oportunidad para mostrarme su astucia juvenil, disimuladamente, se medían conmigo esbozando una sonrisa de picardía. Medían cada palabra, cada gesto, como queriendo demostrarme su supremacía.

 

Yo era la pequeña Alicia en un mundo desconocido. Mis tacones resonaban en el suelo, tratando de compensar la diferencia de tamaño, pero era en sus grandes corazones donde encontré la verdadera grandeza. Poco a poco, nos fuimos conociendo, derribando barreras y construyendo un puente que unía nuestras almas.

 

A lo largo de los días, esos rostros altivos se llenaron de ternura y curiosidad. La sonrisa de picardía se transformó en una sonrisa cómplice, un lazo invisible que nos unía. Aprendimos juntos, desde las páginas de los libros hasta las lecciones de vida.

 

El poder de la enseñanza se volvió tangible, y en cada palabra, gesto y mirada, encontré la certeza de que estaba cumpliendo mi propósito. Ráquira, con sus colores vibrantes y sus alfareros convertidos en creadores, se convirtió en el escenario de un hermoso comienzo. Su belleza se entrelazó con la de mis estudiantes, creando un paisaje único y singular. Los días pasaron como

destellos de luz en la noche, pero su esencia quedó impregnada en mi memoria para siempre.

 

Ahora, años después, es en cada recuerdo que encuentro la inspiración para seguir adelante. Ráquira, ese pequeño pueblo que me vio crecer como docente, siempre ocupará un lugar especial en mi corazón. Y aunque el tiempo avance y las circunstancias cambien, sé que, en cada nuevo comienzo, la fuerza y la pasión por enseñar estarán siempre presentes, como la eterna magia de Ráquira.

 

Diana Yasmín Reyes Ríos

Magister y Doctora en educación

Líder del proyecto Filosofía y producción textual

Docente del Colegio Técnico Jaime Pardo Leal

  

Para consultar y leer el libro completo, clic en la carátula:




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